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LAS CASAS EN ACANTILADOS Y SUS MORADORES.
Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

Estábamos descansando en la sombra de un encino, con el terreno como ya habíamos dicho a 45 grados de inclinación, de tal forma que ni siquiera podías sentarte bien, pues solo con tu peso era suficiente para rodarte hacia abajo, así que inclusive descansando tenías que sostenerte de algo. La vista del  paisaje era increíble, las lluvias recién pasadas, habían ayudado para que todo estuviera verde todavía y allá en lo alto, se veían las cumbres  llenas de pinos y según ibas bajando la vista de altura, paulatinamente cambiaba la vegetación y así a los Pinos, le seguían los Encinos y luego los árboles del Bosque Tropical Caducifolio como los Capomos, Guamuchiles y a mero abajo los Garambullos.

Desde que divisamos el cerro de La Campana a nuestra llegada la noche anterior, habíamos previsto   el reto que implícitamente nos hacia éste, para subirlo y ahora lo estábamos sintiendo. Con lo difícil de subir. La razón del ascenso en algún momento del mismo, se había perdido en los primeros cien metros, ahora sólo quedaba el de subirlo y aun cuando a lo lejos no se veía tan grande, ya de cerquitas, la cosa se ponía fea.

En verdad no podemos pensar en nuestra expedición como arqueológica, pues ninguno de los integrantes lo era, pero si como una de exploración, pues este sitio, famoso por sus casas en acantilados nunca había sido visitado, por  razón de las mismas “casitas” donde suponemos vivieron personas de la cultura Mogollón.  Digo suponemos porque en realidad todavía no se han puesto de acuerdo los estudiosos en la materia, pero debemos iniciar como acertadamente nos indica Beatriz Braniff, pensando en que las fronteras actuales solo tienen 150 años de antigüedad,  que en realidad no son nada y esto nos facilita imaginarnos al norte de  México y sur de los Estados Unidos,  como un solo conjunto de desiertos, grandes llanuras y cadenas montañosas, donde  fácilmente desde hace más de 10 mil años antes de Cristo, lo recorrieron varios grupos humanos de distintos pueblos, de norte a sur, este y oeste varias veces, de todo el continente Americano.

Lo primero que nos encontramos en nuestra penitencia, pues parecía eso mas que cualquier otra cosa, fueron una terracitas de terreno plano de 10 por 10 o 15 mts. más o menos, con muros de contención de piedra para evitar su erosión, donde posiblemente estos Indígenas sembraran o quizás pudieron vivir aquí en chozas de vegetación que obviamente ya no están pues no resisten el paso del tiempo, pero si pudimos ver algunos metates en estos planos. Por ahí en algún artículo leímos que se podía fechar un sitio por lo hondo del fondo del los metates calculando su desgaste en años, sin embargo varias publicaciones sitúan a las casas en acantilados de México, en los años 1000 al 1350 de nuestra era, según Kelley.

Seguimos subiendo pues no había otra cosa que hacer más que llegar al nivel donde suponíamos estaban las “casitas” y efectivamente así fue, en una gran covacha o cobertizo de la montaña, en un estrato de piedra porosa muy parecida a la cantera y de hecho con el mismo origen volcánico con orientación hacia el norte,  empezamos a ver las paredes derrumbadas del conjunto de habitacional.

Todo el sitio estaba semi derrumbado, el uso altamente devastador,  de estas covachas por los locales para resguardar animales y otras cosas, en verdad a deteriorado estas ruinas arqueológicas de cuando menos 1000 años de antigüedad,  testigos de nuestra historia como durangueños y es en verdad una lástima.

De todas maneras cartografiamos el sitio, como era nuestra intención tomando evidencia fotográfica de la forma de la construcción de las paredes, ventanas, techos (lo que quedaba), también de las múltiples manos de metate, que indicaban que en el sitio se vivía y no era ceremonial, de los huesos humanos que encontramos, algunos de gran tamaño y partes del cráneo sobresalientes por lo grueso de sus dimensiones.

Quizás eran unas veinticinco o treinta casitas y fácilmente se podía imaginar uno el movimiento que alguna vez hace muchísimo tiempo tenía el lugar, con las mujeres moliendo el maíz y quizás semillas de amaranto (Amaranthus Cruentus) … CONTINUARÁ…

 
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